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El escenario es el patio de una escuela en la que se organiza una venta de pasteles a favor de una causa solidaria; emoción entre los alumnos promotores y entusiasmo general. Es la hora de la recogida, y qué mejor que dejar solucionada la merienda. Transcrito y traducido, el diálogo entre un niño de 7 años y yo fue algo así:

—Me llevo 2 pasteles.

—Son 4 dólares.

Le doy un billete de 10 dólares.

—¿Quieres el cambio o prefieres sumarlo al donativo?

Maestro, pienso.

—Quédate el cambio, ¡claro!

¿Os habéis preguntado alguna vez qué pasa en una escuela cuando se decide desarrollar una campaña de captación de fondos?

En este post explico los beneficios que puede tener el fundraising en escolares a partir de un caso vivido de cerca. Y no me refiero a refinar técnicas de venta —para las que este niño demostró tener un don innato— sino, y mucho más importante, a fomentar valores como el altruismo y el trabajo en equipo.

La ‘Bake Sale’, una tradición con causa

En la Glendale Montessori School los alumnos de 6 a 8 años preparan una ‘Bake Sale’, una venta de pasteles en beneficio de una causa solidaria. El método es muy popular en Estados Unidos y no es difícil encontrar en cualquier librería recetarios para que una ‘Bake Sale’ nos salga redonda (parece ser que las chocolate chip cookies son imprescindibles). Quizás una de las más institucionalizadas sea la de las Girl Scouts, que llevan cien años vendiendo galletas a parientes, amigos y en las puertas de los supermercados a favor de los valores del escultismo.

La ‘Bake Sale’ es uno de los momentos más esperados del calendario escolar

Volviendo a la escuela, aquí la tradición empezó hace más de diez años con la propuesta de una maestra que, muy sensibilizada con la desforestación de las selvas tropicales, propuso a sus alumnos un proyecto de investigación sobre el Amazonas. Al mismo tiempo, también les abrió la posibilidad de apoyar la causa llevando a cabo una ‘Bake Sale’, una pequeña acción de captación de fondos con la que los alumnos están familiarizados y que podían gestionar de principio a fin. La sorpresa fue que la recaudación de dinero vino acompañada de otros beneficios para los alumnos y para la escuela, de modo que decidieron repetir anualmente el evento y abrirse a otras causas, enriqueciendo el propio proceso.

Actualmente la ‘Bake Sale’ es uno de los momentos más esperados del calendario escolar que los jóvenes fundraisers llevan a cabo durante el segundo trimestre. El proyecto se trabaja de forma transversal, reforzando aspectos académicos, y consiste en dos fases: la elección de la causa y la preparación del evento.

La elección de la causa

La primera fase de la ‘Bake Sale’, la que lleva más tiempo de preparación, es el brainstorming inicial para elegir una causa. Durante varias semanas, los chicos y chicas comparten ideas en clase y hablan sobre problemas de su comunidad, temas de actualidad, desastres humanitarios, medio ambiente, derechos humanos, salud, etc.

El año pasado, por ejemplo, los jóvenes decidieron recaudar fondos para un refugio de animales abandonados de su ciudad, pero el curso de la actualidad pasó por delante. Durante la misma semana de la ‘Bake Sale’, un terremoto de 7,8 en la escala de Richter sacudió Ecuador con un resultado de 272 muertos, 2.527 heridos y centenares de hogares destrozados. Los alumnos, entonces, consensuaron destinar los beneficios a la Cruz Roja de Ecuador a fin de ayudar a los damnificados.

Este año, en cambio, votaron a favor de dedicar sus esfuerzos a “The Deworm The World Initiative”. Este programa de Evidence Action pretende erradicar los problemas que padecen más de 870 millones de niños en el mundo a causa de los parásitos intestinales (o helmintos). Estas infecciones, endémicas en algunos de los países más pobres del planeta, son una amenaza para la salud de los más pequeños y, consecuentemente, para su educación y productividad a largo plazo. El tratamiento es tan sencillo como la administración de una pastilla, que tan solo cuesta 0,50 $ al año, y que la ONG administra masivamente con la complicidad de los gobiernos a través de la red de infraestructuras escolares. Un proyecto rentable y escalable que el curso pasado trató a 190 millones de niños en India, Kenia, Etiopia, Vietnam y Nigeria.

La elección de la causa es un proceso rico de debate e investigación —que las maestras aprovechan para trabajar aspectos curriculares como geografía, historia, ciencias naturales, sociales, comprensión lectora, escritura y expresión oral— que despierta entre los alumnos cierta concienciación sobre los problemas de su entorno. Una concienciación que no es pasiva, sino que se acompaña del “¿qué podemos hacer para ayudar?”.

“Our children learned that children in other parts of the world aren’t as fortunate as they are and that there are ways to help them.”
–  Maestra de la Glendale Montessori School

La preparación del event

La segunda fase del proceso consiste en la preparación del evento: ¿qué vendemos? ¿Cómo lo preparamos? ¿Qué valor le damos? ¿Cuánto dinero estimamos que podemos recaudar? ¿Cómo lo disponemos? ¿Cómo lo comunicamos?

Los jóvenes tuvieron que buscar recetas, crear un menú, repartirse la lista de la compra, traer utensilios de cocina a clase, medir los ingredientes, hacer todas las mezclas —después, algunos padres se encargaron de hornear los pasteles en casa—, limpiar el espacio, etc. Y cuando llegó el día, también se encargaron de disponer las mesas en el patio, colgar carteles, rotular los productos, preparar la caja de recaudación y turnarse para dar información sobre la ‘Bake Sale’ en la puerta del colegio. Este último punto es crucial porque la recogida del colegio suele ser un momento de muchas prisas y el pescado se tiene que vender en media hora escasa.

Para todo ello, los chicos y chicas debían estar bien preparados, tanto para dar explicaciones sobre la causa a la que daban apoyo (doy fe de ello) como para informar sobre la composición de los pasteles, estar familiarizados con los billetes y monedas para dar el cambio y, los más audaces, para conseguir en caliente un aumento de donativo.

“It was extremely important for children to learn how to work cooperatively in a group, how to lead and how to follow taking responsibility over the decisions”.
–  Maestra de la Glendale Montessori School

Resultados e impacto

La ‘Bake Sale’ de este año recaudó 868 dólares para “The Deworm The World Initiative”, lo equivalente a la administración de 1.736 pastillas para tratar la desparasitación al mismo número de niños y niñas. A pesar de que los resultados puedan parecer modestos ante la dimensión del problema, la campaña de captación de fondos también tuvo un efecto positivo en la escuela, tanto en relación con el comportamiento de los jóvenes como por los aprendizajes que se desprenden de una iniciativa de esta idiosincrasia, que podríamos listar de la siguiente forma:

  • Fomento del altruismo
  • Trabajo en equipo y de forma cooperativa
  • Compromiso con un objetivo
  • Planificación, proactividad y empatía
  • Trabajo del currículo académico de forma transversal

No he encontrado estudios que demuestren el efecto a largo plazo del fundraising en las escuelas, pero no creo equivocarme al decir que en la vida adulta estos chicos y chicas estarán un poco más predispuestos a apoyar causas solidarias y de interés general o, por lo menos, serán conscientes de que ante los problemas del mundo podemos y debemos actuar. Y no es poco.

Controversia

En Estados Unidos la captación de fondos forma parte de muchos aspectos de la vida pública y constituye parte del ADN de la educación cívica de sus ciudadanos. Los jóvenes oyen hablar de fundraising en la misma escuela y desde bien pequeños. De hecho, una de las cosas sorprendentes a la hora de buscar colegio en Estados Unidos —por lo menos desde un punto de vista europeo— es que en la mayoría de los centros y páginas web te informan de los planes de captación de fondos del colegio y del grado de implicación de los padres y madres. Y no estoy hablando de colegios privados, sino también y especialmente de los públicos. Debido a una infrafinanciación de la educación y a los recortes federales (algo habitual y preocupante en tantos países), los colegios públicos tienen que recorrer a la captación de fondos privados para financiar programas de arte, ciencias, fomento de la lectura, formación del profesorado, salidas culturales, becas, etc.

Si bien gracias al fundraising muchos jóvenes tienen acceso a un programa educativo enriquecido, la misma dinámica hace aumentar las desigualdades entre los colegios públicos según la renta per cápita del distrito. Así, en algunas zonas acomodadas de grandes ciudades como Chicago o Nueva York, los padres y madres gestionan fundaciones privadas —con unos buenos incentivos fiscales— que pueden llegar a captar millones de dólares para mejorar los programas y las instalaciones, financiar equipos de deporte, subministrar ordenadores para cada alumno o invitar a conferenciantes externos (a estas escuelas públicas de élite se las conoce con el sobrenombre de “public privates”), mientras que en otras zonas rurales o más desfavorecidas solo llegan a captar unos pocos miles de dólares para cubrir un agujero. Si os interesa el tema os recomiendo el artículo How Rich Parents Can Exacerbate School Inequality, de Laura McKenna (The Atlantic, 28 de enero de 2016).

Conclusión

A pesar de la controversia, esta relación casi congénita de los norteamericanos con el hecho de pedir dinero ha fomentado una sociedad más filantrópica y, en el caso de las escuelas, también da sorpresas agradables como la del caso expuesto. Cuando los fines son meramente altruistas, los beneficios a corto y largo plazo pueden ser muchos.

El fundraising en España está en pleno crecimiento y todavía tiene mucho campo por recorrer para subir en el ranking de generosidad global según el estudio CAF World Giving Index 2016, donde ocupa el lugar 79 de 140 países analizados. Quizás fomentar la filantropía en las escuelas, atreviéndonos a pedir más y practicando el hecho de donar, no sea una mala idea.

 

 

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Este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 12 de julio de 2017.