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En Estados Unidos la filantropía forma parte del ADN del país; una relación congénita que se remonta al mismo impulso colonial, eminentemente privado. Desde sus orígenes, aquellos primeros colonos tuvieron que organizarse sin contar con ninguna instancia gubernamental, de modo que donde se necesitaba una iglesia o una escuela se recolectaba el dinero y se construía, surgiendo así una forma singular de entender la economía, la sociedad y también la caridad.

Esta relación de Estados Unidos con la captación de fondos —¡la misma estatua de la Libertad fue en 1885 un caso pionero de campaña de crowdfunding!— explica que sea una de las sociedades más filantrópicas del mundo; una correspondencia que obviamente se sustenta con un modelo fiscal que estimula las donaciones privadas, pero que también se promueve de forma práctica —según he podido experimentar— desde edades muy tempranas.

En este post comparto tres experiencias de captación de fondos vividas en Estados Unidos cuyos protagonistas eran niños y niñas de primaria.

La ‘Bake Sale’: pasteles con algo más que azúcar

Hace un año publiqué el artículo “Keep the change: el fundraising en las escuelas americanas” a partir de un caso vivido en Los Ángeles: la ‘Bake Sale’ —una venta de pasteles en beneficio de una causa solidaria— que los alumnos de 6 a 8 años organizan anualmente en la Glendale Montessori School. Hace unas semanas volví a vivir el mismo evento gastrosolidario, pero ahora con una joven implicada directamente en la acción.

Este año la elección de la causa vino propuesta por un grupo de Girl Scouts de la escuela que ya estaban colaborando con Heal the Bay, una organización que lleva más de treinta años trabajando para limpiar las playas de la bahía de Los Ángeles y promoviendo acciones de sensibilización.

El hecho de que la beneficiaria fuera una organización local facilitó que una persona responsable de Heal the Bay pudiera visitar la escuela y dar una conferencia a los alumnos; una sesión que se abrió también a padres y madres. Aparte de los beneficios que suele tener la irrupción en el aula de alguien de fuera del entorno escolar, lo interesante para el caso fueron los efectos posteriores que surgieron de forma espontánea:

  • Por una parte, la incorporación de un producto promocional alineado con la misión.Durante la charla, la persona de la organización habló tanto de la importancia de limpiar las playas como, sobre todo, de los cambios de hábitos que pueden ayudar a generar menos residuos. Como ejemplo, enseñó a los jóvenes una bolsa de la compra hecha con una camiseta vieja reciclada. La idea impactó de tal forma que al día siguiente el grupo de alumnos decidió reconvertir camisetas viejas en bolsas para venderlas también el día de la ‘Bake Sale’. No quedó ninguna bolsa sin vender, claro.
  • En segundo lugar, la captación de voluntariado, una de las formas filantrópicas más genuinas. Al terminar la conferencia, el equipo de Girl Scouts que ya estaba colaborando con Heal the Bay aprovechó la ocasión para reclutar a unas cuantas familias voluntarias para ir a limpiar playas. Con la audiencia en caliente, la acción fue un éxito: ¡46 voluntarios!

El resultado de la ‘Bake Sale’ para Heal the Bay fue una recaudación de 1.003 dólares y dos acciones de voluntariado para limpiar playas valoradas en 1.158,72 dólares —según el último análisis del Bureau of Labor Statistics de 2015, el impacto económico de los servicios del voluntariado se cuantificó en 184.000 millones de dólares, estimando el valor del trabajo voluntario en 24,14 dólares a la hora de media—.

Además, hay que tener en cuenta otros beneficios intangibles para la escuela y para el grupo de alumnos, como los siguientes:

  • fomento del altruismo,
  • trabajo en equipo y de forma cooperativa,
  • compromiso con un objetivo,
  • planificación, proactividad y empatía,
  • trabajo del currículo académico de forma transversal.

‘Book Bonanza’: una venta de libros con causa

Este año la misma escuela organizó por primera vez un evento solidario que implicase también a los más pequeños, las tres clases de niños y niñas de 3 a 6 años. En esta ocasión se escogió una acción más sencilla: una ‘Book Bonanza’, lo que viene a ser una venta de libros solidaria.

Los beneficios se iban a destinar al Children’s Program del YWCA (Young Women’s Christian Association), un programa que ayuda a niños y niñas a recuperarse de casos de violencia doméstica.

La mecánica de la acción fue la siguiente: cada alumno debía escoger, de casa, de uno a tres libros que quisiera poner a disposición del evento, y se colocó una caja en la entrada de la escuela para ir acumulando los bienes. Durante dos semanas, cada mañana los pequeños miraban cómo iba creciendo el stock y, a la vez, se propiciaron conversaciones sobre el porqué de tal acción. Un tiempo de maduración necesario para entender lo más básico: que lo hacían para ayudar a otros niños y niñas.

El día de la ‘Book Bonanza’, cada alumno —unos 75 niños y niñas de entre 3 y 6 años— trajo 1, 2 o 3 dólares de casa. Los mayores de sexto fueron los encargados de oficiar como cajeros y libreros, ayudando a los más pequeños a escoger un libro y acompañándolos en la transacción.

La recaudación fue de 200 dólares. Puede parecer un importe modesto y seguramente los más pequeños no entendieron en su globalidad a qué se dedica el YWCA, pero puedo asegurar que cada vez que leen los libros adquiridos en la ‘Book Bonanza’ tienen un pensamiento relacionado con el hecho de ayudar a los demás: otra gota de agua en el mar.

Cumpleaños solidarios: el regalo es dar

El tercer ejemplo se enmarca fuera del ámbito escolar. De las múltiples fiestas de cumpleaños que se han sucedido a lo largo del curso, en dos ocasiones se nos pidió expresamente no llevar regalos, sino hacer un donativo a una organización sin ánimo de lucro afín a la familia.

Un cumpleaños puede ser una ocasión para dar y pensar en los demás, y no solo para recibir.

En el primer caso se recaudaron 204 dólares para el Pasadena Humane Society & SPCA(una organización que se ocupa del cuidado de animales maltratados y abandonados); en el segundo, los invitados juntaron unos diez kilos de alimentos enlatados para un banco de alimentos.

Cabe decir que esta modalidad de celebración no es tendencia, para nada. De hecho, en la mayoría de las fiestas el anfitrión terminó de la forma clásica: con una mesa a rebosar de bolsas y paquetes.

Sin embargo, el impacto de los dos primeros casos fue tanto para los padres —que por fuerza tuvieron algún pensamiento sobre el síndrome del niño hiperregalado— como para los más pequeños, que vieron que un cumpleaños puede ser una ocasión para dar y pensar en los demás, y no solo para recibir.

Dos gotas en el mar, pero gotas al fin y al cabo.

Conclusión

En Estados Unidos, como en todos los sitios, la filantropía no siempre es sinónimo de altruismo. La sociedad no es perfecta, lo sabemos, y a veces se da dinero para tener mejores relaciones con ciertos sectores —las donaciones a campañas electorales serían un buen ejemplo—o por pura vanidad.

Aun así, según el último informe The Annual Report on Philanthropy for the Year 2016 de Giving USA, en EUA la filantropía mueve 390.050.000 millones de dólares: el 72 % proviene de donantes individuales, por delante de fundaciones y corporaciones, un hecho que corrobora su componente cultural.

Por otra parte, el fundraising en España está en fase de crecimiento pero tiene muchos retos por delante para subir en el ranking de generosidad global, según el estudio CAF World Giving Index 2017, donde ocupa el lugar 71 de 139 países analizados (mejorando ligeramente el sitio 79 de 140 del año anterior).

Quizás iniciativas como las expuestas, que fomentan la práctica de pedir dinero con fines altruistas entre los más jóvenes, pueden ser ejemplos replicables que, como las gotas cuando caen en el agua, irradian ondas expansivas. Unas ondas que se dispersan en todas direcciones y su alcance es cada vez más amplio.

 

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Este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 15 de mayo de 2018.