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Ahí por el año 2005 fui a una calçotada con unos amigos al Prat de Llobregat. Seguimos las indicaciones del mapa manuscrito y fotocopiado para la ocasión, bordeamos el aeropuerto de Barcelona, la contraseña nos permitió traspasar una valla privada, cruzamos un gran pinedo en una zona de dunas cerca del mar y, en vez de llegar a la típica masia catalana que uno espera para semejante evento gastronómico, llegamos a La Ricarda: una casa sofisticada, orgánica, modular, una casa de cristal con la precisión geométrica y la belleza pragmática de los grandes arquitectos racionalistas que durante un buen rato me hizo olvidar los calçots. No sobraba ni faltaba nada, estaba todo medido con una minuciosidad sobrecogedora. Pregunté al anfitrión y supe que era obra de Antonio Bonet Castellana(1913-1989), un nombre que hasta la fecha yo desconocía; un desconocimiento bastante generalizado causado por el olvido de su exilio en Argentina —donde desarrolló la mayor parte de su obra— a pesar de haber sido miembro del GATPAC, discípulo precoz de Le Corbusier en París o diseñador del famoso sillón BKF, entre otros hitos destacables.

Entre 1949 y 1963, Bonet Castellana construyó La Ricarda, la casa de fin de semana de la familia Gomis Bertrand.

Bonet Castellana construyó entre 1949 y 1963 La Ricarda, la casa de fin de semana de la familia Gomis Bertrand, a partir de una intensa correspondencia con Ricard Gomis (1910-1993), ingeniero de profesión, con quien estableció amistad. Ricard Gomis era también un amante de la música contemporánea, y durante los años oscuros del franquismo abrió La Ricarda a la sección de Música Abierta del Club 49, una asociación impulsora del vanguardismo en Cataluña promovida por Joan Prats. Una casa única, irrepetible y, además, un pedazo de historia de nuestra vanguardia cultural [1][1] Documental La Ricarda, la casa de vidre (Xavier García y Albert Murillo, 2014)..

Cuando yo la pisé aquella primera vez, la familia solo iba de vez en cuando a pasar el día. El mantenimiento de una casa de aquellas dimensiones era costoso y la ampliación de la tercera pista del aeropuerto tuvo como daños colaterales una contaminación acústica a veces ensordecedora. Así que junto a la emoción genuina que sentí, me pregunté qué le deparaba el futuro a aquella casa. ¿Cómo se conservaría?

La familia, consciente de que tiene entre manos algo más que una residencia particular y que la difusión es clave para conservarla, desde hace años dedica horas a hacer visitas guiadas (¡el año pasado casi llegaron a las 2.000 visitas!), una fuente de ingresos para el mantenimiento de la casa que complementan con el alquiler para rodajes y sus aportaciones personales. Pero sin la intervención de las administraciones, con las que ya están en conversaciones, sus esfuerzos puede que algún día lleguen al límite.

El tiempo pasa inexorable y las alarmas se empiezan a encender en relación con otros edificios singulares de la segunda mitad del siglo xx. Hace poco leíamos un artículo de Antoni Ribas en el Diari Ara que, aunque no hablaba en concreto de La Ricarda, sí lo hacía de otras casas emblemáticas de la Cataluña de los 60 y 70 cuyo estado de degradación les augura lo peor; es decir, olvido, ruina o demolición. Sin ir más lejos, a principios de año nos despertábamos con la noticia de que el ayuntamiento de Platja d’Aro autorizaba el derribo de la icónica marquesina triangular del complejo Politur concebida por el mismo Bonet Castellana, junto con Puig Torné i Esquius, en 1963 (leer artículo del Diari de Girona). Una construcción insignificante para muchos veraneantes, pero de una potencia formal y paisajística que merecía ser recuperada.

El diagnóstico parece ser complejo: en algunos casos vamos tarde; en muchos casos ni siquiera hay consciencia común del patrimonio arquitectónico reciente que tenemos; las administraciones públicas, con sus arcas mermadas, no pueden trabajar con visión de futuro; y la Ley de Mecenazgo, que podría ser una gran impulsora, sigue en la unidad de cuidados intensivos.

 

Tres casos de estudio

En este post explico tres casos de preservación y promoción del patrimonio arquitectónico moderno de California, un modelo del que estamos lejos por su forma de entender el patrimonio cultural y por su concepción de la filantropía, pero que puede aportar ideas a la reflexión colectiva. Son los siguientes:

  • Eames Foundation: un proyecto para los próximos 250 años.
  • James Goldstein House: la primera casa del LACMA.
  • Palm Springs Modern Mid-Century Architecture Tours: una aplicación para la divulgación de la arquitectura moderna.

 

Eames Foundation: un proyecto para los próximos 250 años

La Eames House (1949) es la número 8 de las Case Study Houses [2][2] El programa Case Study House (1945-1966) fue un evento único en la historia de la arquitectura moderna americana. Promovido por la revista Arts&Architecture de John Entenza, el programa pretendía responder a las necesidades urbanísticas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y el regreso de millones de soldados. Se encargó a los mejores arquitectos del momento el diseño y la construcción de casas que representaran la vida moderna y que, al mismo tiempo, fueran fácilmente replicables y estuvieran al alcance de la creciente clase media. La mayoría de estas residencias se concentra en la zona de Los Ángeles., un hito de la arquitectura residencial norteamericana diseñada y construida por el matrimonio Charles y Ray Eames, quienes vivieron y trabajaron en ella hasta su muerte en 1978 y 1988, respectivamente. Cuando Charles murió, Ray exploró varias vías para preservar la casa, incluyendo la posibilidad de legarla a alguna institución. Pero ninguna le garantizó que no empaquetarían la casa pasados diez años.

Así que Ray donó la casa a su hijastra, Lucia Eames, quien, a su vez, creó en 2004 la fundación que actualmente se encarga de tenerla abierta al público, difundir su legado y protegerla. Con su plan estratégico “250 Years Project”, la fundación garantiza su preservación en buenas condiciones los próximos 250 años para beneficio de ¡los bisnietos de nuestros bisnietos!; un objetivo a largo plazo.

En el relato exitoso de la Eames House hay un momento clave cuando, hace diez años, el LACMA pidió en préstamo algunos objetos de la casa para su exposición “California Design, 1930-1965: ‘Living in a Modern Way’”. La fundación respondió con una propuesta arriesgada: incorporar en la exposición una réplica del comedor de la Eames House y ceder temporalmente ¡todo el contenido! El LACMA accedió (podéis ver algunas imágenes de la instalación en el siguiente link) y la ocasión sirvió para terminar un inventario detallado del contenido y del estado de conservación general de la casa.

Mientras duró la exposición del LACMA —de octubre de 2011 a junio de 2012— se aprovechó para poner en marcha la primera fase del proyecto “250 Years Project” con la ayuda de donantes particulares, patrocinadores y el asesoramiento del Getty Conservation Institute. Esta primera intervención consistió en reemplazar las baldosas originales de la casa, colocar una barrera antihumedad debajo del suelo, limpiar las tuberías y el sistema de calefacción original, reparar parte de la estructura de acero corroída por la proximidad del mar e intervenir el tejado plano para evitar que el agua de la lluvia bajara directamente por los ventanales.

Actualmente, la preservación de la casa se sustenta con el siguiente modelo de ingresos:

  • Visitas: la casa está abierta todos los días, excepto miércoles y domingo, y recibe más de 10.000 visitas al año, la mitad de las cuales son escolares que no pagan entrada. Se pueden hacer dos tipos de visitas: una visita libre exterior por 10 $ (los cristales permiten ver lo esencial y, además, los voluntarios resuelven cualquier duda) o la visita privada al interior para 1 o 2 personas por 275 $.
  • Eventos: la Eames House se puede alquilar para organizar un picnic para 4 personas —con visita al interior incluida— por 750 $, en homenaje a una de las actividades preferidas de los Eames; o celebrar una pequeña boda de máximo 14 invitados por 2.500 $; entre otros eventos de empresa.
  • Membership: el programa de amigos de la Eames House consta de 4 categorías de socio, que donan entre 125 $ y 5.000 $ anuales. Cada año se organiza el Members Appreciation Day alrededor del 20 de junio, la fecha de boda del matrimonio Eames, con visitas y actos especiales en honor a su apoyo.
  • Patrocinio corporativo: empresas que donan a partir de 50.000 $ para sustentar las actividades de la Eames House y permitir que continúe abierta al público.
  • Voluntarios: los voluntarios son un pilar fundamental de la Eames House, y los hay de 3 tipos: los docents, que se acreditan para hacer las visitas guiadas; los interns(becarios), que se encargan de la atención al visitante y de temas administrativos; y los general volunteers, que desarrollan diversas tareas de apoyo como puede ser ¡el mantenimiento del jardín!

 

James Goldstein House: la primera casa del LACMA

El caso de la James Goldstein House —quizás sea familiar a los fans de The Big Lebowsky (hermanos Coen, 1998)— es interesante porque se trata de la primera casa que, en febrero de 2016, quedó asignada por herencia al LACMA (Los Angeles County Museum of Art) [3][3] Nota de prensa del LACMA (17 de febrero de 2016). La casa es obra del arquitecto John Lautner (1911-1994), discípulo de Frank Lloyd Wright, cuyos encargos —principalmente residencias privadas en Los Ángeles y Palm Springs— se caracterizan por su organicidad e integración en el medio.

La casa, construida en 1963 para Helen y Paul Sheats, fue adquirida en 1973 por el millonario James Goldstein, quien encargó al mismo Lautner algunos cambios y mejoras: la construcción de un club de fiestas, unas pistas de tenis, su oficina y la incorporación de una instalación del artista James Turrell (“Skyspace”). A falta de herederos, la que se considera como una de las casas más emblemáticas de Los Ángeles pasará a ser propiedad de la colección del LACMA. Goldstein ha accedido a organizar visitas limitadas mientras él viva en la casa, y a largo plazo el museo prevé abrirla al público así como utilizarla para organizar exposiciones, conferencias y actos de captación de fondos.

En esta operación satisfactoria fue decisivo el empeño del director del LACMA, Michael Govan, y la generosidad de James Goldstein que, aparte del contenido y el continente, también comprometió 17 millones de dólares para su mantenimiento:

“Hopefully, my gift will serve as a catalyst to encourage others to do the same to preserve and keep alive Los Angeles’s architectural gems for future generations”.
–  James Goldstein

Palm Springs Modern Mid-Century Architecture Tours: una aplicación para la divulgación

Desde 1920, Palm Springs fue el lugar de refugio de muchas estrellas de Hollywood, que se trasladaban ahí por el clima del eterno verano, para huir del ruido del show business y porque estaba a la distancia máxima para cumplir la “Two-Hour Rule”: según la regla de las dos horas, si un actor o actriz era llamado por su estudio, se tenía que presentar al plató, por contrato, con un margen de dos horas. Esto propició que muchas celebrities encargaran ahí sus casas de diseño a los mejores arquitectos del momento (Richard Neutra, John Lautner, Albert Frey…), que construyeron residencias orgánicas, funcionales y adaptadas a las necesidades de cada cliente, convirtiendo Palm Springs en el símbolo de la Mid-Century Modern Architecture [4][4] Se considera Mid-Century Modern el movimiento de diseño industrial, gráfico y arquitectónico que tuvo lugar en Estados Unidos ente 1933 y 1965 como reflejo del estilo Bauhaus e influenciado por el diseño escandinavo y brasileño..

A mediados de los años noventa, un grupo de amantes del diseño y la arquitectura empezaron a organizarse para proteger el patrimonio que hace único Palm Springs. En 1999 se fundó el Palm Springs Modern Committee (PS ModCom) —una organización sin ánimo de lucro que se financia con un programa de socios particulares y de patrocinadores corporativos— para proteger del derribo una estación de bomberos diseñada por Albert Frey. Consiguieron que aquella construcción icónica no se convirtiese en otro parking cualquiera, y que el ayuntamiento lo designara Class One Historic Site. Desde entonces, el PS ModCom ha trabajado para divulgar el rico patrimonio arquitectónico de Palm Springs preparando visitas guiadas, organizando la Modernism Week, editando un mapa turístico para localizar las casas, organizando exposiciones, promoviendo documentales y, más recientemente, lanzando la aplicación Mid-Century Architecture Tour App.

Esta aplicación multiplataforma, promovida en colaboración con el Palm Springs Life Magazine, te permite hacer 3 recorridos audioguiados (las rutas norte, centro o sur) por más de 80 residencias privadas y edificios comerciales de estilo Mid-Century Modern. La aplicación también presenta perfiles en profundidad de 12 destacados arquitectos del Modenism, nos permite acceder a los interiores y exteriores de las propiedades principales a través de vídeos y nos muestra imágenes actuales e históricas, ¡incluidas más de 70 fotografías de Julius Shulman nunca antes publicadas! Todo escrito y narrado por historiadores de la arquitectura y expertos en la materia. A mi entender, un ejemplo de buena práctica de la difusión del patrimonio arquitectónico reciente.

 

Conclusión

A pesar de que la situación actual no sea favorable, el futuro de nuestro patrimonio arquitectónico de las últimas décadas tendrá que encontrar fórmulas creativas público-privadas para proteger y revitalizar estos edificios singulares y rupturistas —algunos de ellos excepcionales como La Ricarda— que, al fin y al cabo, pertenecen a la historia; nos pertenecen. Quizás la perspectiva histórica todavía no nos ayuda, pero es nuestro deber tener un papel activo en la preservación de este patrimonio para que lo disfruten las generaciones futuras. Y para eso hará falta protección de las administraciones, sí, Ley de Mecenazgo, también, pero sobre todo divulgación y reconocimiento.

 

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Este artículo fue publicado originalmente en LinkedIn el 25 de enero de 2018.